ESTRÉS: EL ENEMIGO QUE VIENE DEL PASADO.

La película francesa Barbacoa de amigos , de Éric Lavaine, presenta en clave humorística  una sabia enseñanza a los fanáticos del cuidado del cuerpo por motivos de salud. El protagonista , Antoine, casado con una bella doctora, padre de un hijo,  titulado en Empresariales, hombre rico y atractivo de cuidada alimentación , hábitos deportivos saludables y aparente vida de triunfador , sufre un infarto a los cincuenta años,que , primero, le dejará atónito por lo inesperado del suceso y , después, terminará por abrirle los ojos sobre los errores de su pasado estilo de vida. 

Cuando Antoine  inicia el relato de su historia, este aparente mimado de la fortuna nos confiesa que  “siempre ha pasado hambre “ (por motivos de dieta, naturalmente), mientras escondía a todos,  durante años ,  una gran insatisfacción vital derivada de trabajar en una empresa propiedad de su familia, en la que su inmediato superior es su padre-padrone , y donde él tiene que luchar cada día por parecer competitivo desempeñando activamente un trabajo que detesta , al lado de sus ambiciosos hermanos-colegas. Como resultado de su inadaptación a este específico modo de  vida, el protagonista desarrollará una personalidad moderadamente neurótica  que marcará toda su vida posterior (infarto incluido) .  

Después del infarto, se produce en el protagonista una especie de “renacimiento espiritual” que se traducirá en un cambio de prioridades . Asume sin tapujos que su problema fundamental ha sido, desde siempre, el miedo: un miedo oculto , plural, doloroso e inhabilitante para una vida feliz; fruto tanto de la asfixiante educación recibida de pequeño , como de su posterior modus vivendi , caracterizado por su castrante dependencia de la familia. Por ello,  en lugar de reaccionar en la dirección conservadora,   que le llevaría a  reforzar  las prohibiciones y cautelas que exigirían su nueva y melancólica condición de “infartado”, adopta la postura contraria y se  libera no solo de obligaciones laborales, sino de dietas, ejercicios y otras medidas precautorias que en el pasado le han confundido  ,  no permitiéndole  vivir una vida plena cuando todavía  estaba totalmente sano. ¿La razón de este cambio radical?  Ciertamente ha perdido la fe en la creencia  general de que, si te cuidas adecuadamente, podrás conservar largo tiempo tu atractivo juvenil y no tendrás problemas de salud, esquivando en especial esos amenazantes infartos que él creía estaban reservados a los individuos que se despreocupaban de su alimentación y forma física, pero que nunca pensó pudieran ocurrirle a una persona con su perfeccionista estilo de vida.  

Esta película viene a  refrescar esa idea bastante extendida entre la gente común, de  que,  de cara a contraer cualquier  enfermedad seria,  es más decisiva la predisposición genética que los usos alimentarios, sociales  y/o deportivos de los individuos. Ello se fundamenta en la evidencia empírica de que muchos que mantienen el insano hábito de consumir tres cajetillas diarias de cigarrillos ,  parecen inmunes al  cáncer de pulmón,  mientras otros fumadores meramente sociales –incluso pasivos- son presa fácil de esta temida enfermedad.  Y esto es algo que los médicos no destacan suficientemente , tal vez por temor a generar un cierto pasotismo entre sus pacientes. Porque, efectivamente, el colesterol te puede matar, pero la mayor parte del colesterol “malo” lo produce tu hígado de forma autónoma y sólo una pequeña porción  es de origen alimenticio. Además,  de ese aporte masivo del colesterol dañino originado por  el propio cuerpo, la mayor cuota proviene del estrés ,  que es el gran asesino de nuestro tiempo. ¿Y que es el estrés? ¡Esencialmente miedo! En la historia evolutiva del hombre, el organismo humano aprendió a descargar grandes cantidades de adrenalina en situaciones de peligro inminente : el objetivo era mejorar la actuación de los sentidos –vista ,olfato y oído, en especial- para poder detectar a tiempo un enemigo oculto  y preparar óptimamente el organismo de cara al combate posterior . Con este fin, la adrenalina se acompañaba de sustancias coagulantes,  destinadas a frenar la previsible pérdida de sangre durante la lucha, más la aportación extra de grasa en la corriente sanguínea, -colesterol- para mejorar la potencia energética del individuo.

En los tiempos modernos , la vida más organizada hace que no abunden las situaciones de riesgo físico extremo, pero han aparecido nuevos peligros cotidianos que mantienen latente la sensación de miedo en personas especialmente sensibles o nerviosas: miedo a enfrentarse a una alocución pública, a  perder un cliente importante, a ser despedido del trabajo ,  a no aprobar un examen, a ser abandonado por tu pareja …. miedos y más miedos casi siempre relacionados con un ego inseguro de origen genético y/o familiar, y otras veces producto de “vivir arriesgadamente” asumiendo nuevos retos que terminan por superarnos. Estos miedos modernos continúan asociados a descargas frecuentes de adrenalina, acompañadas de sustancias coagulantes y  del temido colesterol; igual -ni más ni menos- a lo ocurrido en tiempos prehistóricos, aunque los peligros cotidianos de ahora no sean determinantes de vida o muerte como antaño. Y es que el percutor de la corriente hormonal en nuestro organismo actúa de modo reflejo,  disparado por una fuerza evolutiva antigua como el mundo,  dotada de una lenta capacidad de adaptación que, por supuesto,  no es capaz de detectar los nuevos  estilos de vida imperantes . Circunstancia esta que vemos asiduamente repetida, por ejemplo,  con los problemas de obesidad : el cuerpo humano viene creando desde tiempo inmemorial  depósitos de grasa –los antiestéticos “michelines”- influenciado por las épocas antiguas de hambrunas donde estas reservas de energía eran útiles para la supervivencia en condiciones extremas de falta de alimentos. No ha pasado, sin embargo, tiempo suficiente desde que se produjo el cambio de circunstancias económicas, para que la naturaleza pueda “aprender” que ahora lo que sobra normalmente  es la comida, razón por la cual el metabolismo basal humano continúa dando las mismas respuestas –grosso modo- que proporcionaba 10.000 o más años antes. ¿Consecuencia? Multitud  de niños y adultos de países prósperos, sufren problemas de  obesidad , por culpa de un evolucionismo darwiniano excesivamente lento en su capacidad adaptativacomparado con la aceleración histórica que vivimos desde el siglo XX. 

Por parecidas razones,  un nuevo fallo evolutivo se presenta con motivo del tan extendido estrés, que la naturaleza sigue interpretando en clave de  peligro inminente,  dentro de un escenario inalterable  lleno de fieras salvajes y sangrientos guerreros que, sin embargo,  hace tiempo se esfumaron de nuestro entorno. Ante la aparición de nuestros miedos modernos -fundados o imaginarios- el organismo se confunde y responde a las pulsiones de peligro inminente, emitidas por el sistema nervioso,  con las técnicas antiguas, es decir, depositando las viejas sustancias biológicas en nuestra corriente sanguínea, sin percatarse de que 1) la adrenalina   estimula no sólo los sentidos, sino también los nervios, creando un clima  de ansiedad  permanente que  no te permitirá una vida  medianamente relajada y feliz, (además de convertirte en yonqui pasivo de esta sustancia excitante)  ; 2) mientras, los coagulantes , que no tienen ahora  heridas físicas que cerrar, a menudo transforman las plaquetas de la sangre en  trombos que acaban taponando fatalmente esas arterias vitales  que alimentan   pulmones o cerebro; y 3) el colesterol liberado en exceso por el hígado a causa del estrés,  se acumula en las paredes venosas – indiferente a tu cuidada dieta- incrementando la presión sanguínea que está en el origen de bastantes ictus , mientras aumenta el riesgo de  una obstrucción arterial que acabe en infarto. Estos tres puntos describen una estado típico de estrés  en nuestros días , junto con  las consecuencias fatales que  puede llegar a ocasionar, incluso entre personas “que se cuidan”.  

Retomando el tema de la comentada película, diremos que su principal moraleja reside en que no debemos preocuparnos tanto por “sanear “nuestro estilo de vida , como por erradicar el miedo de nuestros pensamientos y actuaciones cotidianas.  El protagonista de esta historia, Antoine, lo tiene fácil, porque como conocedor de dónde reside su problema de estrés y  disponiendo de los medios económicos necesarios para corregir la situación,  se  permitirá el lujo de un retiro anticipado del trabajo para así poder vivir la vida a su aire, es decir, relajadamente y sin miedos : lejos de la presencia del padre opresor y de los hermanos competidores, su humor y carácter mejorarán en poco tiempo notablemente,  mientras  su alimentación y estilo de vida dejarán de esclavizarle, sin representar por ello un riesgo para su salud. En la vida real los remedios contra el estrés no son tan fáciles de arbitrar como en el cine: la gente normal se ve obligada a recurrir al yoga, al deporte, a los baños y masajes relajantes , los ansiolíticos  o, en el peor de los casos, al alcohol y las drogas, pero rara vez se va directamente  a la raíz del problema, tratando de identificar los factores críticos que tienden a exacerbar sus miedos. Obviamente el alivio  proporcionado por tales  remedios suele ser limitado y fugaz, porque los problemas –que en el fondo son serios problemas derivados de  inadaptación a la vida– residen en la mente del individuo y no se resuelven con un “baño y masaje” o corriendo una maratón de 10 kilómetros.  Sólo una cuidadosa meditación y auto prospección mental puede identificar el origen de los problemas anímicos más serios, para, a continuación, intentar ponerles remedio mediante los recursos a nuestro alcance. Una vez cargados de valor, y tomadas las decisiones más oportunas,   la vida aparecerá menos estresante, es decir menos opresiva ,  más plena …… y –con la ayuda extra de esa “suerte” que el destino suele reservar a a los valientes- será, probablemente,  ¡una vida más larga!   

Un ejemplo de más altura intelectual del que muestra la historia de Antoine, pero de similares consecuencias, nos viene dado por la vida del filósofo español Jorge (George)Santayana: este joven y exitoso profesor de metafísica en Harvard -la universidad más prestigiosa del mundo-, sufrió una profunda depresión en su treintena, que le duró –con altibajos- no menos de quince años. Sus meditaciones le llevaron a concluir que sus mayores males psíquicos provenían de vivir en un entorno académico mayoritariamente hostil , dentro de una cultura anglosajona de corte puritano que estaba en las antípodas de sus afinidades greco-latinas, y soportando, en fin, un clima atmosférico poco grato para una persona de origen castellano. Impulsado felizmente por lo que él denominó “metanoia” o “cambio de corazón” decidió ahorrar el máximo de su sueldo para liberarse cuanto antes de su melancólica situación y poder así volver a Europa, donde se ganaría la vida escribiendo de aquello que mejor conocía: Filosofía. Gracias a su clarividencia y determinación, Santayana pudo vivir un largo , feliz y pleno “renacimiento” a  partir de la cuarentena , convirtiéndose , desde su retiro en Roma,  en un sabio y afable personaje,  con  una amplia producción bibliográfica que resultó de gran influencia sobre toda  una generación de intelectuales norteamericanos (aunque siguiera siendo un gran desconocido entre sus compatriotas españoles ). 

Dos historias, pues, de infelicidad personal en individuos socialmente relevantes, que acaban en crisis de salud, a partir de las cuales se genera lo que el filosofo denomina metanoia , es decir un cambio de prioridades en la vida que debe conducir a una existencia más sana en el futuro. Y la lección más importante como corolario de todo esto : no esperes a que aparezca un accidente en tu vida, para tomar medidas correctoras. ¡ Sé proactivo y adelántate al destino!  

Alonso Cortés. 

15 de enero 2022.

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