La neurosis de los pueblos decadentes: Hablemos de España.

¿Qué es la neurosis ?

Sigmund Freud la definió como un conflicto entre el ego ( el Yo)   y el Inconsciente del individuo,  inconsciente que estaría formado mayormente por  impulsos sexuales reprimidos . Pero no todo el mundo psiquiátrico ha visto la neurosis bajo el mismo prisma sexual freudiano, como su seguidor y compatriota Alfred Adler : Para éste la neurosis era una forma acabada de inferioridad , caracterizada por la falta de coraje. Y , según esta tesis, es precisamente la ausencia de valor, combinada con un complejo de inferioridad , lo que origina los problemas de adaptación social del individuo,  es decir, su neurosis. En cualquiera de las dos versiones apuntadas, la neurosis se manifiesta de diversas maneras a través del carácter, siendo los rasgos más comunes , la angustia, la ansiedad y la depresión, es decir, un bajo estado de ánimo que se acompaña de sentimientos de inferioridad.

El concepto de neurosis aplicado a los pueblos.

Fue también Sigmund Freud , el creador del concepto  de la neurosis a nivel personal el que , con el paso del tiempo, trasladaría esta patología mental a nivel social. Lo hizo en su obra El porvenir de  una ilusión, relativa al nacimiento histórico de la vida en sociedad:

       Sabemos que el hombre no puede cumplir su evolución hasta la cultura sin pasar por una fase más o menos definida de neurosis , fenómeno debido a que muchas exigencias instintivas tienen que ser dominadas mediante actos de represión, detrás de los cuales se oculta, por lo general, un motivo de angustia.  Pues bien, hemos de admitir que también la colectividad humana pasa, en su evolución secular, por estadios análogos a la neurosis y precisamente a consecuencia de idénticos motivos…. porque en sus tiempos de ignorancia y debilidad hubo de renunciar a sus instintos para hacer posible la vida social

(Sigmund Freud, El porvenir de una ilusión : 181) 

La frase anterior de Freud hace referencia al carácter neurótico de la civilización humana, por el sólo hecho de crearse esta mediante represiones sexuales destinadas a hacer posible la convivencia y el trabajo en común. Pero no es este el tipo de neurosis que a nosotros nos interesa desde el punto de vista de la decadencia de las naciones, pues vemos más posibilidades teórico-practicas , en la versión de Adler. En nuestra opinión  la inicial neurosis freudiana se supera cuando los pueblos encuentran la senda del progreso dentro del concierto de naciones ; pero vuelven a caer en la neurosis cuando -agotado el periodo de ascenso- entran en la etapa de declive. En nuestros escritos lo denominamos la cicatriz narcisista , utilizando un termino freudiano, que, trasladado al ámbito social, aludirá a la marca indeleble que deja en el alma de un pueblo, la pérdida de su autodeterminación espiritual , ocurrida a causa de una traumática experiencia histórica. Se manifiesta  en forma de ansiedad y pérdida de fuerza vital,  acompañadas de determinadas pulsiones  que expresan  limitantes sentimientos de  inferioridad en sus relaciones con otros pueblos.  

De la decadencia aristocrática a la decadencia ruinosa.

​ Para nosotros el origen de la decadencia es de tipo material , en la medida que representa el paulatino  agotamiento  de la energía que dio vida a un concreto proyecto histórico. Como escribiera nuestro gran filósofo Ortega y Gasset:

      La norma es que un pueblo llegue al predominio  cuando sus potencias interiores han alcanzado el máximum en cantidad y calidad. La decadencia que suele seguir indica que aquél pueblo ha gastado sus energías y aunque no es imposible, es improbable su restablecimiento. 

                   ( Ortega, La rebelión de las masas )

Este agotamiento energético se acelera a partir de un determinado trauma histórico, (cicatriz narcisista) el cual sirve de catalizador de las energías negativas del país, que pasan desde ese momento  a primer plano, dominando la escena . Pero, siendo este el inicio del declive,  su primera y principal manifestación del mal que les  viene encima es la pérdida de la moralidad . Así lo expresaba el noble francés   Tocqueville, en su gran obra La democracia en América

      Busqué la grandeza y el genio de Estados Unidos en sus amplios puertos y en sus anchos ríos, y no estaba allí; en sus fértiles tierras y praderas interminables, y no estaba allí. Hasta que entré en las iglesias de Estados Unidos y oí proclamar en sus púlpitos una tremenda moralidad y entonces comprendí el secreto de su genio y poderío. Estados Unidos es grande porque es bueno, y si Estados Unidos deja de ser bueno, también dejará de ser grande .

En la teoría psicoentrópica, la moralidad es el primer factor afectado por la decadencia , es decir por la menor energía psíquica de ese pueblo. Pero la decadencia de los pueblos con una vieja tradición capitalista , como la británica ,  la francesa ,la holandesa o austriaca , está revelando una decadencia aristocrática , con un nivel de vida envidiable, pleno de comodidades  y esplendor  artístico. Este es el  panorama de la decadencia de Occidente en los tiempos modernos : amplia riqueza derivada de las conquistas tecnológicas junto al empobrecimiento moral   provocado por nuevas formas de vida que tienden a la relativización de los valores tradicionales, lo cual crea sociedades hedonistas en las que enraízan todos los vicios posibles, empezando por la drogadicción masiva. Sin embargo las decadencias no han sido históricamente de este modo que describimos. Por el contrario, después de la pérdida del élan vital, es decir, del espíritu de superación, por efecto de algún accidente histórico,  lo que venía a continuación  era en principio lo mismo – el deterioro moral pero  al poco tiempo era seguido por el deterioro económico y el descenso poblacional : pocos lustros después, el país era ya irreconocible  y caía en picado en su decadencia ruinosa.

Cuando la decadencia llega con el capitalismo maduro

         Países de capitalismo maduro  como Gran Bretaña, Austria, Holanda o Francia , sufren lo que llamamos decadencia aristocrática : han perdido buena parte de su antigua extensión territorial , junto con la capacidad de liderazgo continental o mundial que antes tenían  y los valores morales que le llevaron a su grandeza . Sufren la neurosis de los pueblos que es consustancial a la decadencia, pero siguen conservando un excelente nivel de vida y de protección social, sustentado por un sistema capitalista que , contra los pronósticos agoreros de la teoría marxista, todavía se desempeña con brillantez en el campo científico-técnico. Inmediatamente surge la pregunta ¿ Si las decadencias van normalmente acompañadas del desorden social, el caos económico y el empobrecimiento general de la vida, como explicar estos casos de decadencia “aristocrática” ? Nuestra teoría de la decadencia, que figura conectada con el agotamiento progresivo de la energía creativa de un pueblo, ha producido una frase que sintetiza adecuadamente las distintas etapas por las que han de pasar estas naciones :  los pueblos empiezan su crecimiento imponiéndose por el genio (alta energía), pero , llegada la decadencia, continúan prevaleciendo por el oficio (energía media)  y terminan subsistiendo por las malas artes (baja energía o energía reactiva). Según este esquema,  sociedades como las de Gran Bretaña, Austria o Francia (en general, las viejas naciones prósperas de Europa) y , en menor medida, los  EE.UU., se encontrarían ahora en la fase de energía media , es decir una etapa decadente en la que, al menos,  prevalece el oficio, una vez que el genio y la inspiración de ese pueblo, se ha desvanecido por efecto del inevitable desgaste histórico, es decir por efecto de una entropía (desorden) que nunca deja de crecer y una neguentropía (orden) que deja de ser operativa en las fases de declive . Un “oficio” que debemos interpretar en el sentido del Know-How proveniente de los inicios del crecimiento de esos pueblos, que todavía persiste en la memoria de sus gentes,   pero cuyo uso en la resolución de problemas responde ahora a ciertos automatismos: epueblo decadente ya no pone el corazón en las cosas que hace, sino que sus actuaciones se pueden equiparar a «reflejos condicionados» por el aprendizaje realizado durante generaciones.

La decadencia ruinosa: el caso de España.

La nueva energía que se apodera de  los pueblos en crecimiento –el llamado élan vital prometeico– actuará sobre todas las áreas de actividad , con la intención de mejorar procesos productivos, servicios y objetos de consumo. Esta renovación general destinada a situar a un pueblo en la senda del progreso , afectará al Ejército, la Educación, las Artes, etc.  y, como no, a la Economía. En efecto, porque también en el campo económico el país debe encontrar el modo de realizar su mejor aportación y en ello van a influir no sólo factores materiales , como los geológicos –minas, recursos naturales- o medioambientales –clima, ríos, mares- , sino también los espirituales , en especial los religiosos. No es por casualidad que España en su etapa de máximo poderío declinase enfrentarse a los duros aspectos productivos de la economía y se concentrase en la obtención de la riqueza fácil, primero en el disfrute de los bienes arrebatados a los musulmanes y, después,  en la búsqueda de oro y plata a lo largo de la recientemente descubierta América.  El modo en que España se gestó como país, con una lucha de siglos contra el poderío musulmán,  -donde cada conquista contra “el infiel” implicaba un botín de guerra-  , definió el carácter -mitad monje , mitad aventurero-, del mito icónico de la raza,  el hidalgo español,  quien , con su mentalidad de caballero cruzado ,  era  lógicamente refractario al sedentarismo que exigía la producción agrícola y, en general, la económica. En eso, los nobles hispanos se asemejaban a sus antepasados godos, es decir a los barbaros germánicos que sucedieron a los romanos en el dominio de  la Península Ibérica. Según el historiador romano Tácito, los nobles germanos eran guerreros inquietos que sobrellevaban mal los periodos de paz, por lo que preferían emigrar a zonas de conflicto con vistas a aumentar su gloria, al tiempo que conseguían lucrativos botines. Se inclinaban, pues,  por buscar nuevos enemigos, a riesgo de ser heridos o muertos, antes que labrar el suelo y esperar pacientemente la cosecha. En general veían el trabajo como un modo despreciable de garantizarse la supervivencia, hasta el punto de que «les parece flojedad y pereza adquirir con sudor lo que se puede alcanzar con sangre». Esta fue la frase lapidaria que nos dejó el romano Tácito respecto del carácter de dicha etnia singular. Con el tiempo,  los hidalgos españoles heredarían el perfil psicológico de sus ancestros germanos, sustituyendo el mantra “la guerra por la guerra” , por el de “defensa de la cruz”, mientras dejaban incólumes suquerencias nómadas, ansias de gloria y búsqueda de la riqueza que proporcionaban las armas.   

Tal vez por ello,  un hispanista como J.Elliot escribirá : «los castellanos no poseían espíritu capitalista: pesaban más en ellos el espíritu de las cruzadas, de la reconquista  y de América , por sus promesas de gloria y botín» La imagen romántica de Don Quijote, recorriendo caminos polvorientos en busca de injusticias que resolver, es para nosotros representativa de la inclinación nómada del hidalgo, de su espíritu de cruzado y del escaso apego a la idea de echar raíces.   Cuando finalizó la Reconquista,  el ánimo de lucha de los españoles en defensa de la religión -en lugar de relajarse-  fue exportado más allá de las fronteras , para seguir actuando como “espada del Papa” en conflictos inacabables como la Guerra de los 30 años contra la Reforma protestante . Pero también atravesó los mares “en defensa de la Cruz” , asociando la gesta misionera a la conquista de territorios para la Corona y la cristiandad , mientras la búsqueda de metales preciosos formaba parte de la aventura.

Si consideramos que otros herederos de pueblos germanos tuvieron una distinta actitud que los españoles con respecto a la economía, probablemente habremos de  buscar las causas diferenciales en la distinta religión adoptada por unos y otros, más que en cuestiones de raza.  Los  ingleses, por ejemplo, tenían más sangre aria en sus venas que los antiguos hidalgos castellanos, pues eran herederos de la sucesivas invasiones de anglosajones ,vikingos y normandos. Tampoco  eran menos belicosos que los españoles. Lo que más les diferenció fue la cuestión religiosa, pues los ingleses se adhirieron a la Reforma protestante, lo cual con el tiempo supondría un beneficio para su país, desde el punto de vista político-económico, ya que el nuevo status quo reduciría el poder real,  promovería la democracia entre sus élites  y, finalmente, provocaría una mayor dedicación al trabajo, que conduciría en su momento a la Revolución Industrial. Entre los ingleses surgió una minoría fuertemente influenciada por un clero protestante de recias convicciones puritanas o calvinistas, que eligieron -como un adelantado Opus Dei hispano- la senda de la santificación por el trabajo, mientras la poderosa flota del país, ayudada por la piratería, abría rutas marítimas para un comercio activo con todo el mundo. Al estimular mediante la fe, el trabajo humano en general, así como el uso de la ciencia , el puritanismo estaba poniendo los cimientos del capitalismo futuro y,  con él, unas sociedades más prosperas y libres que sus equivalentes católicas, condenadas por el contrario al atraso y la pobreza por su inclinación a la  ociosidad y al oscurantismo . Así que la economía de la España victoriosa  fue la ausencia de economía, mientras que la desertización humana del país , sería una consecuencia de su miopía en el terreno productivo . Como escribiera Strachey : « los españoles fueron sin duda el pueblo menos mercantil que haya vivido jamás […] con una clase dominante dedicada  a aterrar al resto de Europa con un dinero que no sabían qué hacer con él» . Un  Estado derrochador , en  suma, que  “quemaba” el oro y la plata americanos en guerras sin porvenir, mientras se abandonaba el campo y la industria artesanal, dentro de un ambiente de vaciado poblacional.  Por otra parte, España ,con su gasto exagerado, fortalecía a sus laboriosos enemigos, ayudándoles inadvertidamente a construir el sistema capitalista,  con un aumento –dicho sea en términos modernos- de la oferta monetaria, sin precedente en la historia. El resultado no podía ser sino la rápida decadencia de España y el robustecimiento del poderío de Gran Bretaña, que no tardó en arrebatarle el cetro de la supremacía mundial. 

Fenómenos fóbicos:  Rechazo atávico de España a la tecnología.

La hipótesis de considerar la neurosis ( con su correlato de depresión ), como  manifestación dual de enfermedad personal y social, no parece el único ejemplo susceptible de análisis , pues se adivinan otros numerosos fenómenos de correspondencia . Hay uno que se relaciona directamente con España y tiene que ver con la fobia a la tecnología. La fobia española al industrialismo, es, pues, una forma de agorafobia o “miedo al mundo exterior” y el famoso «que inventen ellos» de Unamuno, no es mero pragmatismo como pudiera deducirse  del resto de la frase -«porque la energía eléctrica inventada en Nueva York ,funciona igual de bien en Madrid»-, sino que en el fondo es una reivindicación de nuestro derecho a la soledad y a ser diferentes, “virtudes” que –supuestamente- nos convertirán en la reserva moral de Occidente (sic), al tiempo que nos mantendrá al margen de guerras desestabilizadoras: la máxima de Epicuro,  ¡ vive oculto !se convirtió así en el estilo de vida de un país temeroso del mundo, en una reacción por otra parte frecuente en naciones sujetas a decadencia ruinosa. Y España , con su soledad autoimpuesta, incentivó una destructiva Guerra Civil , pero escapó al menos  a las dos Guerras Mundiales del siglo XX , y de la posible destrucción de su integridad territorial –como le ocurrió a Austria , Turquía y Alemania-, pero al precio de seguir marginada de Europa y de sus avances industriales y sociales , hasta la caída del régimen franquista. Pero incluso en la España de hoy, donde se ha producido una importante industrialización y modernización, se puede detectar el mayoritario carácter extranjero de la gran actividad industrial , con un sector automovilístico, por ejemplo, que mueve el 10% del PIB y está totalmente en manos de multinacionales americanas, alemanas y francesas. Eso sin contar la gran dependencia del país de las patentes extranjeras , ya que la escasa innovación industrial o de servicios que todavía se crea en España, a menudo se hace con el propósito de venderla lucrativamente al capital extranjero y vivir después abandonados al dolce far niente en algún paraíso natural/fiscal. 

……es cierto, sin embargo, que desde el descubrimiento de las minas de América la industria ha progresado en todas las naciones europeas, exceptuadas las poseedoras de las minas, lo que es debido, entre otras causas, al aumento de la cantidad de oro y plata.              (David Hume, citado por Engels en Anti-During, pos.5228)

Tal y como afirmaba el famoso filósofo británico, David Hume,  la industria progresó en toda Europa (menos en España), gracias al oro y la plata traídos de AméricaSin duda, al país dueño de las minas le faltaba ese “espíritu capitalista” al que se referían los historiadores antes citados; espíritu que está muy asociado al  nacimiento de la religión de Lutero , esa precisamente que España tuvo que combatir durante años de duro desgaste en su papel de “ espada del Papa” y “guardián de la ortodoxia católica” , lo que marcaría su decadencia posterior. 

Es un hecho evidente que la decadencia que siguió a la pérdida del Imperio, ha tenido consecuencias mucho más severas para España, en términos socio-económicos,  que para países como Gran Bretaña, Holanda o Francia. Y existen otras razones , aparte de las que indican Elliot y Strachey, que justifiquen esta “decadencia ruinosa” de España al lado de las “decadencias aristocráticas” de los demás. La principal, en  nuestro opinión, tiene que ver con que un  país nacido como resultado de una sangrienta Reconquista que se prolongó durante casi ocho siglos,  siempre asignará una importancia capital a la conservación de la unidad territorial tan duramente ganada, que estará por encima de cualquier otra consideración político-económica . La pérdida en su momento de Portugal, los sempiternos coqueteos de Cataluña con Francia y con la independencia, y el nacionalismo tardío de los vascos, ( sin hablar de la pérdida de las colonias) produjeron un gran temor a la desintegración nacional ;  si a esto le añadimos la creencia de la clase política de que la democracia refuerza las tendencias centrífugas de las regiones históricas , es decir , el separatismo, todo ello  condujo al “cierre” progresivo  del país a la influencia exterior, lo que se vio también favorecido por las condiciones geográficas especiales de la Península. La consecuencias fueron dramáticas: la llegada tardía a España  de la democracia y de su aliado el sistema capitalista,  junto al  alejamiento histórico de la revolución industrial

Conclusiones.

España en los tiempos actuales ha abandonado   su histórica decadencia ruinosa, para instalarse en una decadencia,  si no aristocrática como la de Gran Bretaña, sí al menos en una decadencia confortable, que no era esperable antes de nuestra  adhesión a la Unión Europea y a la OTAN. Pero la decadencia del país no se ha esfumado por obra y gracia de las mejores condiciones económicas ,sociales y defensivas, sino que sigue presente y se manifiesta no sólo en la pérdida de valores, (que es un problema consustancial a todo Occidente) , sino que nuestro particular caso de decadencia, se caracteriza por el complejo de inferioridad mostrado, por ejemplo , con respecto a Gran Bretaña y Marruecos, como consecuencia de los contenciosos mantenidos sobre Gibraltar y las plazas africanas de Ceuta y Melilla, respectivamente, sin olvidar nuestra posición subordinada en Europa como socio-pobre en  un concierto de ricos socios nórdicos. Pero el mayor complejo de inferioridad de los españoles se muestra en el tratamiento de los problemas nacionalistas internos, en especial las tendencias separatistas nunca  solucionadas :   País Vasco y Cataluña siguen , en efecto, siendo un problema para la convivencia colectiva, a pesar de los concesiones (algunas humillantes) efectuadas en el ámbito del autogobierno durante las últimas décadas, las cuales no han ayudado gran cosa,  puesto que no sólo no han moderado las aspiraciones independentistas de catalanes y vascos, sino que al parecer han producido el efecto contrario al perseguido: han alimentado nuevas reclamaciones . La nación sigue, pues,  cosida con alfileres , expuesta a cualquier tropiezo futuro que  haga desaparecer la unidad histórica tan duramente conseguida. Y la evidencia más clara de que España no ha sabido hacer bien, históricamente, sus “deberes” en el ámbito de las llamadas nacionalidades, es que vascos y catalanes son sendos pueblos instalados a caballo de dos naciones separadas por los Pirineos  –España y Francia– lo cual se nos olvida a menudo . Pero mientras en Francia catalanes y vascos viven tranquilos y no representan ningún peligro separatista, en España ocurre todo lo contrario ¿El motivo? Pues diríamos que el problema deriva de una cuestión racial y cultural: porque, aunque no se admita el argumento , por considerarlo  políticamente incorrecto, es un secreto a voces que los nacionalistas  vascos y catalanes se consideran superiores a los españoles en todos los ámbitos de la vida. El mismo  presidente del PNV –Ortuondo– ,  lo resumió chulescamente, en el estilo racista de su fundador, Sabino Arana, con la ya famosa frase “los vascos no queremos ser españoles ni por el forro”. También lo dejó claro el no menos racista Quim Torra , expresidente de la Generalitat: «tenemos que considerar que la configuración racial catalana es más puramente blanca que la española y por tanto el catalán es superior al español en el aspecto racial».Y es obvio que alguien a quien consideras inferior , no le aceptarás nunca como tu conciudadano y menos aún como tu legitimo gobernante. Los franceses pueden, sin embargo,  estar tranquilos porque  ellos son vistos por vascos y catalanes  del otro lado de los Pirineos, como iguales, cuando no superiores a sus respectivas etnias, lo que significa que les tienen un respeto que, sin embargo, los nacionalistas de este lado, han hurtado sistemáticamente a los españoles. El respeto vasco-catalán a los galos  les lleva, por cierto, a aceptar dócilmente el sistema centralista francés, bastante menos generoso que el sistema autonómico español que, sin embargo,  los nacionalistas de nuestro lado, rechazan “por insuficiente”. El sentimiento predominante de los nacionalistas al Sur de los Pirineos, con relación a los castellanos, ha sido históricamente del  tipo negativo : una mezcla de desprecio  y temor . “Desprecio” derivado de su complejo de superioridad sobre todo lo hispano; y “temor” por el mayor potencial bélico y superior capacidad de lucha (al menos en el pasado) del pueblo español. Ciertamente, el sentimiento de desprecio viene en parte propiciado por las leyes del materialismo histórico, es decir, por la corriente de mano de obra sin cualificar que , desde las provincias españolas más pobres, ha emigrado tradicionalmente  a ambas regiones en busca de trabajo : porque si elaboras un patrón del español-tipo en base al individuo que hace el humilde trabajo de limpiar tus burguesas casas o recoger tus frutales, nunca llegarás a la conclusión de que aquél está a tu altura cultural y “racial”.De otra parte, la proximidad de catalanes y vascos a Francia, les ha permitido absorber de primera mano la novedades culturales llegadas de Europa , en momentos históricos en los que España era un erial, lo que a su vez ha reforzado el sentimiento de superioridad con respecto al resto de los españoles. 

Serio problema, pues, que obliga a preguntarse qué hacer de cara al futuro. Y a este respecto podría decirse que lo mejor que ha inventado la ciencia política para doblegar caracteres narcisistas como el de los nacionalismos irredentos,  es el método del palo y la zanahoria, en un contexto democrático, sin arrogancia, pero también sin los habituales complejos de inferioridad. Sin embargo, cuando tienes de la parte española políticos como Pedro Sánchez, un gobernante que recuerda personajes históricos famosos por su falta de palabra y de escrúpulos (*) , todo se hace más complicado. Porque con tal de salvar su sillón presidencial,  ofrece “zanahorias” a mansalva con la única compensación de siete míserables votos, cargados de ignominia. Así que, a la postre, esta provisión extra de hortalizas,( con perdón correlativo de los castigos por el intento de secesión) , sólo va a servir para acrecentar el complejo de superioridad nacionalista y sus delirios secesionistas . Pero no hay que sorprenderse demasiado de que, en los tiempos presentes, todavía aparezcan gobernantes con el perfil irracional de Pedro Sánchez: al fin al cabo, la nación española sigue afectada de la neurosis de los pueblos decadentes, una patología social fácil de diagnosticar pero difícil de sanar que, en los momentos críticos , siempre “produce”el gobernante menos conveniente para los intereses de la nación, por efecto de una entropía que no deja de crecer

Alonso Cortés

8 de mayo 2024.

(*) Vean en este mismo Blog el artículo “El César Borgia de Ferraz”.

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