
Y quien dice “suecos”, puede también mencionar a noruegos, daneses, holandeses … o británicos, es decir, monarquías del opulento Norte europeo, con una acrisolada cultura democrática, que nunca permitirían que un servidor del pueblo pudiera hacer “mangas y capirotes” con sus respectivas Constituciones , sin que se deriven graves consecuencias político-judiciales para el infractor. Ya hemos visto no hace mucho, cómo se las gastan los políticos británicos con un primer ministro conservador -Boris Johnson- por haber mentido al Parlamento de Westminster sobre cuestiones aparentemente triviales , como falsear el número de fiestas organizadas en Downing Street durante la pandemia. Como sabemos, fue obligado a dimitir con el voto condenatorio de sus propios compañeros del partido Tory . Esto a los españoles nos debe sonar raro, acostumbrados como estamos a nuestra democracia de «segunda división» donde la mentira política tiene otro estatus diferente. Porque, seamos serios, ¿cuántas veces ha mentido Pedro Sánchez a todo el país (diputados incluidos), sin pagar factura alguna por su atrevimiento? Y no se trata de asuntos menores, como organizar un party más o menos en momentos dolorosos , sino por temas de gran calado político; a saber: 1) su promesa incumplida de no gobernar con los comunistas, 2) la de no indultar a los culpables de la secesión catalana ; 3) Por afirmar que traería preso al prófugo Puigdemont, cuando lo que al final hizo fue un pacto parlamentario con él; 4) por desdecirse de su afirmación de que la Amnistía era anti constitucional, para luego aplicarla a los previamente indultados y 5) prometer que, si llegaba al poder, eliminaría la ley por la cual los jueces son elegidos por los partidos políticos (ahora el presidente del Tribunal Constitucional es un ex Fiscal General con los socialistas y un ex ministro de Sánchez, otro de los miembros. Lo grave del asunto es que estas mentiras se han emitido en plena campaña electoral, con lo que han influido sin duda en el resultado final arrojado por las urnas.
Pedro Sánchez se aferra al sillón presidencial.
A pesar de sus abundantes mentiras, dirigidas a captar el voto moderado, Pedro Sánchez perdió las últimas elecciones; pero no aceptó su derrota, así que , en lugar de resignarse a ser nuevamente Jefe de la Oposición, decidió que era una pena que un tipo tan listo y atractivo como él, permanentemente adulado por sus ministras, no pudiera seguir al frente de un gobierno que le sentaba como un guante, y que podía usar como plataforma para proteger a los más desfavorecidos, cumpliendo así su soñado destino como socialista histórico . Un político serio, con más sentido democrático, habría optado -ante la situación de bloqueo originada- por aconsejar al Rey nuevas elecciones ya que su competidor del PP, Núñez Feijóo, (ganador de las elecciones), tampoco tenía mayoría suficiente. Pero Sánchez está hecho de otra pasta : acostumbrado a gobernar en minoría desde la Moción de Censura, en la que contó con apoyos contra natura que suscitaron acusaciones de “traidor” por parte de la derecha, eligió el peor de los escenarios posibles , consistente en aferrarse al poder, renovando programa con la ultra izquierda y con los enemigos independentistas del Estado. Pero como esto no alcanzaba para la mayoría, decidió extender el pacto con el prófugo de la justicia, Puigdemont, llenando una vez más de ignominia a las instituciones democráticas . El acuerdo contemplaba importantes privilegios económicos para los nacionalistas, así como beneficios carcelarios para los etarras vascos, además de la Amnistía para 400 procesados por el intento de Secesión de Cataluña. Y todo este gran lote, ¡por los siete votos de Puigdemont, que necesitaba para gobernar!
El conflicto constitucional.
Un perplejo Rey Felipe VI , se encontraba , pues, ante un Presidente de Gobierno más debilitado que nunca, que, para salvarse, había reforzado el compromiso con sus “amistades peligrosas”, es decir, con un conglomerado de anti monárquicos, enemigos de España , entre los que destacaban los líderes catalanes, enrabietados con el Monarca, desde que su “golpe secesionista” fracasara, en buena parte, gracias al famoso discurso del Rey en televisión. El choque entre el Rey y el Presidente del Gobierno era inevitable y la prensa especulaba sobre cómo se resolverían los desacuerdos. Pues bien, lo que ha ocurrido es que Pedro Sánchez ha impuesto su opinión en los temas más conflictivos, y al Rey no le quedó otra alternativa que claudicar. Ya en la anterior legislatura, el Monarca hubo de tragarse un gran “sapo” al tener que firmar, por imposición del gobierno, los Indultos a los políticos secesionistas catalanes . El asunto era peliagudo porque los indultados, no sólo eran los mismos a los que el monarca había parado los pies con su intervención televisiva ,sino que, a juicio de numerosos juristas, el Indulto era ilegal ya que en nuestra Constitución aquél sólo se contempla a título personal, pero no colectivo .
Artículo 62-i . Corresponde al Rey ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, que no podrá autorizar indultos generales.
El sentido de este artículo constitucional se esclarece si nos interrogamos por el antónimo de “generales”, que da como respuesta “individuales” o “particulares”, según la R.A.E. Esto quiere decir que se puede -por razones especiales- aplicar medidas de gracia a una persona que, por ejemplo, ha intervenido en un atraco , pero no se puede indultar -una a una y con el mismo argumento- a los siete o diez inculpados por participar en el mismo delito, porque entonces se incurriría en fraude de ley, al traspasar la esfera del indulto particular y entrar en el prohibido indulto general. Y todo ello sin considerar otros factores fundamentales contemplados por el Indulto: la necesidad de aceptar la culpa y el correspondiente arrepentimiento, algo que no sólo rehusaron hacer los indultados , sino que se mostraron dispuestos “a repetir sus acciones “. En fin, un desafío completo al ordenamiento jurídico por parte de un Sánchez humillado en su necesidad de sobrevivir políticamente. Pero lo peor es que ha quedado claro, que el Indulto es más prerrogativa del Gobierno que del Monarca y que se espera de éste, la simple firma.
Con el asunto de la Amnistía ha ocurrido algo similar, (incluso peor) , porque la Constitución no contempla ningún tipo de Amnistía, a diferencia de las constituciones de Francia o Portugal. El argumento del gobierno Sánchez de que «lo que la Constitución no prohíbe, está permitido» es de un cinismo flagrante y constituye una burla en toda regla al país. De hecho, Alfonso Guerra ,que intervino de cerca en la redacción de la Constitución, afirmó categóricamente , que la Amnistía fue sopesada en principio por los autores de la misma, para, al final, ser rechazada. Además, en cualquier país serio, lo que no figura en la Constitución, no se puede convertir en Ley, sin una previa Reforma Constitucional, aunque haya un Parlamento que lo apruebe.
Monarquía vs. República
Muchos adeptos a la Monarquía Constitucional lo son desde un punto de vista ideológico, pero otros tantos muestran sus preferencias desde el pragmatismo más absoluto, al considerar que , en tiempos en los que el factor imagen es tan decisivo como lo es ahora, el personaje que representa una tradición milenaria de liderazgo, siempre tiene más que aportar, en términos de imagen, que un presidente republicano, cuyo cargo se renueva cada cinco años, y al cual normalmente casi nadie conoce fuera del país. Cierto que el monarca constitucional tiene el inconveniente de su escaso poder , pero ya el solo hecho de servir de aglutinante de la unidad del país, sería labor más que meritoria para justificar la existencia de la institución . Todas estas reflexiones estaban muy bien ¡hasta que llegó Pedro Sánchez al gobierno, con sus maneras poco ortodoxas! Entonces muchos hemos caído en la cuenta de que el país vive en situación de riesgo, es decir, que existe un peligro real de asistir a la degradación progresiva de la tan apreciada democracia , porque , debido al poder meramente simbólico de la Corona, basta que aparezca un político ambicioso y sin escrúpulos, apalancado en minorías radicales, para poner en peligro el delicado equilibrio institucional construido desde la Transición. Y decimos esto porque un presidente republicano tiene al menos la facultad de convocar elecciones ante situaciones de bloqueo como la ocurrida en España en 2023. Y es de lógica pensar que , ante la tesitura de asumir un pacto “humillante” con los independentistas, como el que suscribió Pedro Sánchez, un hipotético Presidente elegido por votación popular (incluso socialista), lo hubiera rechazado, por sentido de Estado, convocando nuevas elecciones . Y si el resultado se hubiera repetido en segunda elección, habría tenido la facultad de elegir un primer ministro ajeno a los partidos, como se hizo en Italia en 2022 , eligiendo para el cargo al “independiente” Mario Draghi. Porque lo esperable en un presidente de República es que se convierta en un garante de la dignidad del Estado, y de su democracia, cuando las circunstancias lo exijan. El monarca constitucional, por el contrario, no tiene otra alternativa que la de acatar las órdenes que le llegan del gobierno, incluso aunque éstas se presuman anti constitucionales, lo cual resulta muy incómodo cuando los vocales “progresistas” del Tribunal Constitucional suelen votar en bloque a favor del Gobierno.
Errores y aciertos de Felipe VI.
Felipe VI está demostrando ser un rey más comedido que su padre Juan Carlos I , pero en ocasiones se excede en prudencia. Lo hizo con motivo del procesamiento de la infanta Cristina -por el caso Urdangarín- al mostrar escasa empatía con su hermana (después absuelta) , por miedo, tal vez, a las repercusiones de su gesto en el Gobierno y la prensa. Pero más importante que esto ha sido su falta de reflejos ante las iniciativas de Pedro Sánchez en materia de Indultos y Amnistías. Los periódicos , que todo lo escrutan, hablaban de “la cara seria del Rey” en sus comparecencias públicas con el Presidente del Gobierno . Pero esto no basta cuando lo que está en juego es, nada menos, que la promulgación de leyes anti constitucionales que servirán de aliento y peaje a los independentistas. Y peor aún si esto se hace con el único objetivo de mantener en el poder a un presidente en riesgo . Un asunto muy serio , que adquiere mayor gravedad al comprobar que no hubo anuncio previo electoral ( de hecho, Sánchez prometió lo contrario) .Con este motivo, muchos defensores de la Monarquía echaron de menos un gesto de autoridad – un puñetazo en la mesa– por parte del Rey, quien debería haberse negado en redondo a firmar dichas leyes. Los jurisconsultos “puristas” se echarán las manos a la cabeza, argumentando la imposibilidad de proceder de esta manera tan poco ortodoxa, pero, sin embargo, hay precedentes cercanos: el rey Balduino, por ejemplo, como el ferviente católico que era, se negó a firmar la Ley del Aborto en Bélgica. Para ello hubo de recurrir, de acuerdo con el gobierno, a un tecnicismo legal , consistente en el “cese de funciones” del Rey por 24 horas. Pasado el “trago”, el monarca de los belgas volvió a su trabajo con la conciencia tranquila y la dignidad intacta, mientras el país tomaba buena nota de su disconformidad con la nueva ley.Esto es algo que, evidentemente, no se puede hacer todos los días, y que debe servir como último recurso cuando la normativa no te permite rebelarte ante una causa que atenta contra tu sistema de valores, y tampoco te apetece aparecer, por omisión, como “cómplice” o “colaborador necesario” de esa actuación. Felipe VI pudo hacer lo mismo en España, con motivo de los Indultos y Amnistías, pero aquí se impuso el miedo a la posible reacción colérica de Pedro Sánchez y sus aliados de ultra izquierda. Este es el precio a pagar cuando la Casa Real actúa tímidamente, como si pensara que la monarquía española “vive de prestado” , debido a su origen franquista, y que, por tanto, sobrevivirá únicamente mientras la benevolencia de los socialistas lo permita.
A pesar de estos complejos con la izquierda, el Rey ha mostrado poseer un notable coraje personal, lo cual es una muy buena noticia, que nos permite seguir apostando por su continuidad como Jefe del Estado. Fue valeroso, por ejemplo, cuando salió en televisión para rechazar enérgicamente el intento de secesión de Cataluña, en un momento en que el país en su conjunto (políticos incluidos) “contenía la respiración” por miedo a las consecuencias. Pero su más genuino gesto de coraje se ha producido recientemente con motivo de las inundaciones de Valencia : allí , ante la furia de los ciudadanos de Paiporta, y desoyendo los consejos de sus ayudantes, el Rey resistió estoicamente, junto con la Reina, sin dar un paso atrás, bajo una lluvia de piedras y pegotes de barro, mientras intentaba razonar con los coléricos manifestantes . Contrariamente a su actitud gallarda, Pedro Sánchez salía del lugar a toda prisa, por miedo a perder su integridad física, sin mostrar ningún gesto de solidaridad con los acosados monarcas.
El “barro” mancha las relaciones Zarzuela-Moncloa.
El incidente en el pueblo de Paiporta dejó unas escenas inéditas ,que dieron la vuelta al mundo, y tienen más relevancia de la que, en principio, se suponen: según reflejó un colaborador del programa La Mirada Crítica, de Telecinco , ese mismo día se produjo un enfrentamiento verbal entre Rey y Presidente, en el que éste culpaba al Monarca de no haber abandonado la visita conjunta , dejando así en mal lugar la salida precipitada de Sánchez. No sabemos si este “rifirrafe” ocurrió, o no, pero nadie parece haberlo desmentido, a pesar del amplio eco que ha tenido en la prensa. En cualquier caso, da igual, porque todo el mundo pudo ver por televisión la distinta reacción de uno y otro personaje, ante el ataque de furia popular, y , por tanto ha quedado para la historia la imagen de valentía del Rey contra el excesivo “instinto de conservación” de Pedro Sánchez. Pero conociendo el carácter rencoroso y vengativo de Pedro Sánchez, es previsible que nunca olvide este bochornoso incidente, y que, en consecuencia, las relaciones futuras Corona-Gobierno ,van a resentirse ostensiblemente .( La no asistencia de los Reyes al acto de Notre Dame en París, parece una primera consecuencia; la ausencia de Pedro Sánchez en el funeral de Valencia, la segunda). Esta es una mala noticia para el futuro de la Monarquía, que se añade a los problemas que la propia Corona se ha generado a sí misma, al actuar en los Indultos y Amnistías contra la opinión mayoritaria del pueblo español, ( y sin una palabra de aclaración).
El incierto futuro de la Monarquía española
El Rey ha tenido hasta ahora tres apoyos inconmovibles : los partidos de derecha, el ejército y la gran mayoría de poder judicial; por otra parte está el apoyo “ambiguo” del PSOE y la enemistad declarada de la ultra izquierda y los nacionalistas . Con estos mimbres la monarquía está condenada a una existencia procelosa, en el curso de la cual , se va a dejar, inevitablemente, importantes girones de credibilidad , porque nada es más destructor de la dignidad humana que una norma que impone obediencia muda y ciega. Así que, con el tiempo, es previsible que sus apoyos irán mermando, en lugar de crecer. En los países nórdicos, los Reyes constitucionales pueden llevar una vida más tranquila, porque los políticos de turno nunca les van a plantear desafíos a su integridad moral, por la vía de los hechos consumados. Pero España es diferente y aquí hacen falta ” más garantías” si queremos conservar muchos años una sana institución monárquica, para lo cual debe estar blindada ante las “ocurrencias” de políticos populistas y/o en apuros. La resolución de la crisis debe venir, pues, por una Reforma Constitucional que incluya más poderes arbitrales para el Rey y el simultáneo refrendo en las urnas de la institución monárquica, para así eliminar, de una vez, el “estigma” de su origen franquista. Un camino duro, pero inevitable, que probablemente no se podrá llevar adelante mientras Pedro Sánchez siga aferrado a su sillón de la Moncloa.
Alonso Cortés
14 de diciembre 2024