La historia oculta del ascenso meteórico de Donald Trump

Durante muchos años, Donald Trump fue principalmente conocido por sus actividades inmobiliarias a gran escala, dentro y fuera de EE.UU. : lujosos hoteles, grandes edificios de oficinas, comerciales  o residencials, además de casinos de juego,  campos de golf, etc. Todo esto ha formado parte de la ocupación empresarial de un hombre hiperactivo, poseedor de una de las mayores fortunas de América.  Pero un día, imprevistamente, Trump saltó a la arena  de la gran política, peleando por abrirse un hueco en  terreno desconocido, bajo un contexto de hostilidad por parte de los partidos establecidos. El resultado final fue que,  en tiempo récord, y contra todo pronóstico,  Donald Trump se convirtió en Presidente de la potencia más grande del planeta. Y todo esto lo hizo sin previa experiencia política, pues, al contrario de lo que registra la tradición americana,  el nuevo presidente no había desempeñado ningún cargo  electo  de importancia, como Gobernador, Congresista , Senador o Vicepresidente.

Todo el mundo sabe, que Donald Trump es, hoy en día,  un tipo bastante controvertido dentro y fuera de EE.UU, a pesar de algunos sonados éxitos, como la reciente captura de Maduro en Venezuela. El presidente es justa “víctima”  de frecuentes  chanzas y memes en prensa, televisión y redes sociales, por sus maneras agresivas y extravagantes de hacer política, rayanas a veces en el ridículo. En los años 90, sin embargo,  un Trump entonces  de moda,  que aparecía en “cameos” de películas de éxito como Sólo en casa II,  no presentaba  el perfil  caricaturesco de hoy, por lo que , en mi condición de economista poco experimentado,  Trump despertó mi inmediata curiosidad   como “el personaje del momento”,  que sin duda  era en la vida empresarial americana. Destacaban en el futuro presidente, su manera espectacular de hacer negocios, y su habilidad para  llamar   invariablemente la atención de la prensa en  arriesgados proyectos inmobiliarios, de indudable estilo “Kitsch”. Prueba de mi temprano interés por el personaje, – en tiempos donde el apellido Trump apenas significaba nada  en España- fue que ,  aprovechando mi estancia en Nueva York, en el verano de 1990 , asistí a la presentación  de su obra Trump: Surviving at the top ( Trump: Sobreviviendo en la cima ), en una conocida librería próxima a Wall Street , con la intención de  observar de cerca  al Trump de carne y hueso. También tendría oportunidad de conocer por dentro  la famosa  Trump Tower, un lujoso rascacielos situado  en la prestigiosa Quinta Avenida de Nueva York, lugar habitual de visita turística. Poco días después, junto con un compañero de Columbia, me desplazaría  al vecino estado de New Jersey,  con intención de visitar Atlantic City, ciudad conocida como “Las Vegas del Este”,  donde Donald Trump había puesto en marcha su icónico Taj Mahal ,un llamativo casino de estilo asiático que, según mis recuerdos del momento, recibía esa semana a los visitantes, exhibiendo un magnifico Rolls Royce a sus puertas, como promesa de ganancia millonaria a sus clientes.

Pero en aquel caluroso verano, iniciador de la década de los 90, hubo otra noticia que sobrepasó en importancia a todas las demás y esta fue, que Sadam Hussein había invadido Kuwait, después de un ataque militar relámpago, creando una crisis mundial del petróleo,  que -como de costumbre- los políticos europeos no sabían cómo enfrentar. Pero mientras en las cancillerías de Londres, Berlín y París se discutía acaloradamente  si se trataba de galgos o  podencos, y la gente presuntamente “entendida” se desgañitaba  en todos los foros sobre “lo peligroso que resultaría enfrentarse al poderoso ejército del dictador iraquí”, (con su millón de hombres armados hasta los dientes), un pragmático George Bush , padre, a la sazón presidente USA, llenaba discretamente de soldados reservistas  los  barcos destinados  por la NAVY a la zona de conflicto , fondeados  a la sazón  en el Puerto de Nueva York, al sur de Manhattan , no lejos, por cierto,  de la librería en la que Trump firmaba  ejemplares de su nuevo libro,  Sobreviviendo en la Cima,  (el cual se podría señalar como un “ antecedente” de lo que -30 años después- haría en España un político populista de izquierdas, llamado  Pedro Sánchez,  quien publicó  su Manual de Resistencia, que era también una “manual de supervivencia”, con intenciones similares a las de Trump).

 Desde mi pequeño apartamento en Broadway Norte, frente a la Universidad de Columbia, en el populoso e inseguro barrio de Harlem, leía el New York Time cada día, con interés y preocupación, los detalles de una guerra en ciernes,  que intuía decisiva para la economía mundial. Como luego veremos, la invasión de Kuwait y la figura de Trump,  aparecerán  indirectamente conectados en el relato objeto de este artículo, pero, por el momento sigamos con la historia,  con un cierto orden.  Mi curiosidad sobre el personaje que con el tiempo llegaría a la cúspide política de USA, seguía en lo más alto, así que aprovechando mis vacaciones en Florida durante el verano siguiente (que por cierto coincidió con otro acontecimiento de alcance mundial,  como fue el fallido intento de golpe de estado comunista contra Gorbachov  en Rusia)   me acerqué a Palm Beach ,  población próxima a Miami e histórico lugar de vacaciones de la familia Kennedy, para conocer la zona en que se encontraba Mar-a-Lago , la impresionante residencia de estilo español ,construida en los años 20  por la multimillonaria heredera de General Food ,  Marjori Merriwpather, y que Donald Trump había comprado a mediados de los 80 , con la idea de reconvertirla en un club exclusivo para millonarios. ( Actualmente cumple esa función, pero una parte de la finca se ha destinado a segunda vivienda presidencial, ya que a Trump no le gusta demasiado Camp Davis, residencia de descanso de la mayoría de sus antecesores en el cargo)

La década de los 90 fue escenario de buenas y malas noticias en la carrera de Donald Trump, pues obtuvo sonoros éxitos en los negocios, (además de un importante aumento de popularidad como consecuencia de la publicación de su libro ) , al lado de dolorosos fracasos empresariales, como fue la suspensión de pagos de su  grupo inmobiliario , crisis debida, en lo fundamental , a una precipitada expansión , financiada   con “bonos basura” de alto coste. Pero Donald Trump, como nuevo Ave Fénix,  resucitaría poco después de sus  cenizas,  iniciando el  milenio  con su conglomerado de empresas convenientemente saneado y con la  popularidad acrecentada nacionalmente por  su presencia en el reality show de la cadena NBC,  “El Aprendiz” ,un juego de estrategia entre aspirantes a emprendedores, donde Trump se haría archipopular  por su conocida frase ¡estás despedido ¡ , que sentenciaba a los concursantes que no lograban superar las duras pruebas de gestión empresarial, (frase esta, que Trump ha seguido utilizando en su primer y segundo mandato, para fulminar al personal del equipo presidencial, que no cumplía con sus exigentes expectativas).

El mayor hito de Trump : Ganar dos presidencias no consecutivas.

            La vida posterior de Trump es más conocida, pues incluye episodios muy comentados por los medios de comunicación, como fueron sus tres candidaturas presidenciales en el periodo que va de 2016 a 2024 .Con la primera, que terminó en un imprevisto éxito, se ha iniciado la etapa de la polarización política de EE.UU. ,con dos bandos -republicano vs. demócrata- absolutamente enfrentados. Los demócratas digirieron mal la derrota de Hillary  ante un “outsider histriónico” como calificaban a Trump,  e intentaron desde el principio desestabilizar su gobierno, con varios procedimientos de Impeachment, que terminarían en fracaso y que sólo sirvieron para radicalizar aún más al presidente republicano. Vista con perspectiva, la gestión presidencial de Trump en su primer mandato, se puede calificar de   “reformismo autoritario”, que él fundamentó en la interpretación de  un sentimiento muy extendido entre la población blanca menos próspera , sobre la “decadencia imparable de USA”, de la que se hacía culpable  a sucesivos  gobiernos «débiles» (especialmente demócratas). Su manejo de los negocios públicos , que  más que imputable a las actuaciones previsibles en  un plutócrata americano, (recordemos que Trump había renunciado a su salario de Presidente), se puede calificar, por el contrario,  de las maneras ejecutivas propias de un activo empresario que odia la burocracia paralizante instalada desde hace años en Washington. Y lo cierto es que su éxito   fue más que notable hasta la llegada del Covid19 . De hecho, Trump hubiera ganado la reelección sin problemas, de no ser porque la pandemia arruinó su más importante logro : alcanzar la mayor actividad económica registrada en el país,  durante medio siglo. Y ahí empiezan los peores cuatro años de Trump, pues en lugar de rendirse a la evidencia, asumiendo la derrota,  inició una lucha de corte paranoico , “contra la conspiración que le había apartado de la presidencia USA,  por fraude electoral”. (El  tipo de acusación , que sólo se puede sostener aportando pruebas y,  si no las tienes, lo mejor es callarse). Las demócratas (que tampoco son “angelitos”), aprovecharon la victoria de Biden , y la debilidad paralela de Trump, para acosarle judicialmente con múltiples causas criminales (algunas viejas), pretendiendo  cortar  de raíz sus futuras aspiraciones presidenciales . Auspiciaron, pues,  numerosas demandas y querellas ,  contribuyendo  con ello a potenciar el extremismo  de un personaje que -ya de  motu propio – “es  cabra que al monte tira ” , según el conocido dicho popular. Y a esta actitud poco respetuosa con el oponente,  por parte de los demócratas, se sumó un intento de asesinato de Trump en plena campaña electoral, que no acabó en magnicidio «por centímetros». Todo estos acontecimientos crearon un caldo de cultivo tóxico en la lucha política, que ahora están pagando los demócratas (y por extensión el mundo)  en la segunda presidencia, con un Trump bastante más “duro” y enrabietado (y también más determinado), que en su primera legislatura.  

En la tercera elección presidencial, los demócratas cometieron un grave error, pues decidieron repetir candidato con Biden, un presidente que daba alarmantes señales de problemas neuronales y que, para colmo de males, había protagonizado el suceso más vergonzoso de la historia americana, desde Vietnam, como fue  la salida a la carrera de su ejército de Afganistán, abandonando el país y sus ciudadanos (especialmente a sus mujeres), al terror talibán . Al final Biden se rindió a la evidencia y, aunque muy tarde, renunció a su candidatura en favor de la vicepresidenta Kamala Harris, poniendo la victoria en bandeja  a un Donald Trump reforzado después del fallido intento de asesinato. Pero nada de lo anteriormente relatado habría  ocurrido,  si Trump no  gana finalmente la elección de 2016 , un hecho a priori muy improbable en el que   nadie confiaba, salvo el propio magnate y su círculo familiar más íntimo. Sin embargo,  el  ”milagro” al fin se hizo, y  no fue precisamente un acto divino, como tal, sino un acontecimiento que presentaba  las características de una conspiración política  en toda regla , que, afortunadamente – en honor al fairplay-, tuvo un final imprevisto  para sus maquiavélicos urdidores. Espero , amable lector, que coincidamos en este punto, después de repasar el artículo que figura a continuación, relativo a la campaña presidencial de 2016.

DONALD TRUMP ¿NUEVO CABALLO DE TROYA?

No tengo problemas con mis enemigos. Puedo cuidar de mis enemigos en una pelea. Pero mis amigos, mis malditos amigos, son los que me mantienen caminando por las noches. (Warrem G. Harding, 29º Presidente USA )

La  victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016, sorprendió a todo el mundo, porque a priori se trataba del candidato con menores posibilidades de éxito. Su carácter extravagante y fanfarrón, junto con sus ideas políticas de extrema derecha, unido todo ello a su procedencia outsider, le otorgaban un perfil de “perdedor nato” en un mundo donde “lo políticamente correcto” ejerce un férreo marcaje a nivel global, para que los personajes de su perfil  no traspasen nunca los filtros previos, y fracasen en sus aspiraciones políticas dentro de partidos “serios”.   Era por tanto impensable , un año antes,  que Trump ganara, no ya la carrera por la presidencia de la mayor potencia del mundo, sino tan siquiera la previa nominación en las Primarias republicanas. ¿ Por qué ocurrió todo lo contrario a lo previsto y lógico , dejando atónitos a la prensa nacional e internacional y a los gobiernos de medio mundo ?

El antecedente Ross Perot.            

Nada más trascender la candidatura de Trump a las Primarias republicanas, a más de uno le vino a la  memoria el nombre de Ross Perot (entre ellos a mí, un “adicto” a  la política americana, desde que a los 7 años comencé a leer el periódico de mi padre). Para los que, sin embargo,  no siguen de cerca la actualidad de Washington, recordaremos que Perot era un millonario  excéntrico , de ideología conservadora , que, en el país campeón del bipartidismo, tuvo la osada idea de presentarse a las elecciones presidenciales norteamericanas del año 1992 , en la que los competidores principales eran George Bush, padre, por los republicanos y Bill Clinton por los demócratas .  Ross Perot presentaba un perfil similar al de Donald Trump: millonario gracias a su empresa de servicios informáticos, no le importaba gastar parte de su abultada fortuna en operaciones de imagen política; unas veces contra el establishment de Washington por sus despilfarros presupuestarios; otras alzando la voz contra el control de armas o bien, declarando una guerra abierta contra el NAFTA, (acuerdo de libre comercio entre USA, Canadá y México), al que acusaba –como Trump más tarde- de crear trabajo en México,a cambio de despedir obreros de la industria norteamericana. Perot, un conservador con ideas políticas más próximas a los republicanos que a los demócratas, decidió crear su propio partido político para competir desde fuera  por la presidencia , consciente sin duda de sus pocas probabilidades de ganar las primarias republicanas contra un Bush que, como presidente en ejercicio,  presentaba el aval de haber vencido en la reciente Guerra del Golfo a Saddam Hussein, expulsándolo de Kuwait. Para no hacer el relato demasiado largo, diremos que la aparición de un tercero en discordia en las elecciones norteamericanas, ocasionó un descenso decisivo de votos republicanos, provocando la derrota de George Bush y la victoria de un desconocido y polémico Bill Clinton, quien,  debido a sus escándalos sexuales, -estallados en plena campaña- , no era el favorito de la elección. Perot , obviamente, no consiguió ganar las elecciones pero obtuvo nada menos que 20 millones de votos populares , si bien sumaría cero votos electorales, debido al sistema de reparto que premia al partido con mayores votos populares en cada estado. Clinton ganó la presidencia a Bush por 6 millones de votos de diferencia, pero le sacó 200 votos electorales de ventaja al presidente, un margen inaudito para la diferencia  en voto popular,  que sólo se explicaba por la división del voto de derechas. Se confirmaba,  pues, que Perot había sido el factor determinante en la derrota de George Bush.

Nada, sin embargo,  se dijo entonces sobre la ausencia de fairplay en las elecciones; nadie osó afirmar algo inconveniente al respecto, pero más de un republicano se quedaría “con la mosca detrás de la oreja” , cavilando si el proyecto sin futuro de Perot era  realmente una muestra de su extravagancia, temeridad  y exceso de cash , o tal vez había algo más detrás , como por ejemplo , que hubiera desempeñado el papel de Caballo de Troya en favor del imprevisto ganador de las elecciones. Pero , al parecer, todos se conformaron con los resultados (incluidos los seguidores de Bush)  y nadie repitió en voz alta la  interrogante policial típica de un crimen ¿Cui prodest? ¿ a quién favorece?  Los demócratas se limitaron a caricaturizar  el desenlace de la contienda con el despectivo eslogan ¡ “ha sido la economía , estúpido” ! , frase destinada a humillar a George Bush, el frustrado guerrero victorioso de la Tormenta del Desierto ; y tal vez lo hicieron con la intención de crear una cortina de humo que no permitiera ver más allá del resultado electoral.  Llegados a este punto , y a modo de paréntesis, se puede decir 1) que la experiencia de Ross Perot – un candidato con cierto éxito popular, obtenido con un partido propio-  2) la de Donald Trump – un candidato ganador luchando contra el rechazo de su propio partido- y 3) la del senador Bernard Sanders, -un competidor serio , desde  su radicalismo de izquierdas, contra la nominación de Hillary Clinton–  evidencian, en conjunto,  que el bipartidismo norteamericano está herido de muerte y que es cuestión de tiempo que aparezca, de manera estable,  uno o más partidos  políticos nuevos que hagan la competencia a demócratas y republicanos.

¿Fue Trump el Caballo de Troya de sus oponentes políticos?        

Con la sombra de Perot planeando sobre la elección presidencial norteamericana de 2016,  era hasta cierto punto  normal sospechar de la candidatura de Trump, cuando , además, coincidían los personajes decisivos en las generales de 1992, es decir,  el matrimonio Clinton . No olvidemos que  Bill y Hillary, además de una pareja sui generis desde hace años, se conocieron en la Universidad de Yale, como estudiantes de Derecho, formando desde entonces un potente tándem político, en el que si uno ejercía el papel de “candidato” (bien sea como Gobernador de Arkansas,  Senadora por Nueva York  o  Presidente USA ) el otro actuaba de director general de campaña. En la  elección de 2016 se invirtieron los roles con respecto a 1992, pero los personajes eran obviamente los mismos. De ahí a equiparar a Trump con  Perot, se exigía un pequeño paso, que, sin embargo, los grandes rotativos americanos no se atrevieron -o no quisieron- dar . El argumento “conspirativo”  era, en síntesis, simple : Donald Trump (como antes Ross Perot) no tenía ninguna posibilidad de ganar las Primarias republicanas , pero en su calidad de millonario, no vería problema en presentarse a la presidencia por un tercer partido, con lo cual propiciaría  la victoria de Hillary Clinton, al dividir el voto republicano, por segunda vez en la historia reciente. Más de uno hicimos este pronóstico  electoral ( obviamente erróneo en su desenlace,  como luego se  demostraría) sin ser conscientes de la importante corriente  oculta bajo la plácidas aguas de la economía de la Administración Obama, y  desconociendo entonces la estrecha amistad que unía a Trump con el matrimonio Clinton  ( hasta el punto de que éstos fueron invitados distinguidos de su boda con la exmodelo Melania, actual mujer del presidente); pensábamos únicamente en el paralelismo político existente entre uno y otro caso , y creíamos valorar adecuadamente la agudeza política de un personaje como Bill Clinton, considerado uno de los presidentes americanos más inteligentes  (y con menos escrúpulos morales),  de la completa historia de EE.UU. : un político dotado por la naturaleza de un coeficiente intelectual casi tan poderoso como esa libido incontrolable que se movilizaba activamente en presencia de una mujer hermosa, fuera esta soltera, casada o viuda. Por otra parte , el carácter simple, impulsivo y directo de Donald Trump, –una especie de “niño grande”, en lo emocional- hacia tarea fácil, a priori, su posible instrumentalización política por parte de la experta, truculenta  y maquiavélica pareja Clinton.

¿Por qué ganó Trump, imprevistamente, la Presidencia USA?       

Las claves de la primera victoria presidencial de Trump se explicaron   en todas partes y se resumieron en el descontento popular por la degradación del mercado de trabajo en EE.UU. , donde los empleos medios, tradicionalmente bien pagados , estaban desapareciendo a marchas forzadas por efecto de la globalización . El factor económico nuevo fue la polarización evidente de la oferta empresarial entre el ”trabajo-basura” y el “trabajo técnico cualificado” ,  este último cada vez más orientado a  la nueva era de Internet . Y, en medio de todo esto, había desaparecido gran parte del entramado industrial americano,  huido principalmente  a China o México; así que en muchas regiones de EE.UU., principalmente del Medio Oeste,   sólo quedaba  el desierto -la nada-, con lo cual se ponía en riesgo la supervivencia de millones de familias. El mensaje de Trump  “América, First” (primero América) conectó con estas personas desesperadas y de ahí su inesperado éxito. Pero hubo otros factores que no se comentaron, porque a los detentadores de lo “políticamente correcto” (o cultura woke) no les interesaba en absoluto: Trump fue pulverizando resultados contra sus oponentes en las Primarias , sin que nadie le prestara demasiada atención, porque entendían 1) que su éxito era anecdótico y 2) porque sus victorias  iban en contra de los republicanos y a favor de Clinton. El silogismo dominante era : cuanto más lejos llege Trump en las Primarias republicanas , más fácil lo tendrá Hillary en la elección final. El desdén de los “expertos” políticos, se vio reforzado por las encuestas, que sistemáticamente  daban a Trump perdedor ante Hillary, así que ¡ para qué preocuparse ! Pues ahí es donde algunos empezaron a ver las posibilidades de victoria de Trump, porque con la tradicional ocultación de intenciones del votante de extrema derecha, una diferencia del 2% en las encuestas, a favor de Hillary,  podría estar encubriendo una victoria clara de Trump ( como así ocurrió).

¿Qué  salió mal en el supuesto plan de los Clinton?       

A la pregunta de si Trump fue un Caballo de Troya de  Clinton en las elecciones presidenciales de 2016 , mi respuesta hoy en día sigue siendo afirmativa, pero obviamente no deja de ser una hipótesis . Uno no puede quitarse de la cabeza la idea , nada delirante, de que el Trump presidenciable haya sido una creación política de Bill Clinton, que finalmente se le fue de las manos, como a un revivido Dr. Frankenstein .  Esto no quiere decir, que Trump fuera consciente de que estaba trabajando electoralmente en beneficio de sus amigos los Clinton,  con la deliberada intención de debilitar a los republicanos y propiciar la victoria de Hillary .Aunque  tampoco habría que descartar tal posibilidad, considerando los favores que puede obtener “a fortiori” un empresario, por parte de una presidenta que le debe su cargo. Sin embargo,  creo que Trump no fue consciente de su rol vicario en esta historia, sino  que , por el contrario, tenía la firme convicción de superar todas las dificultades previsibles en la batalla presidencial , para finalmente ganar a lo grande, como tantas veces había hecho a lo largo de su controvertida carrera empresarial. Pero aquí , no obstante, puede haber una historia interesante , de las que normalmente no suelen interesar a New York Times o Washington Post , más inclinados a bucear en las debilidades -incluso sexuales- de Trump y los políticos republicanos, en general, que ahondar en los manejos de los candidatos demócratas (considerados la “izquierda” americana, y, como tal,  los “mimados” de los grandes medios periodísticos) . La historia por escribir (por alguien más autorizado que yo) , pasaría por conocer en detalle hasta qué punto los Clinton, desde la confianza mutua admitida con el magnate, animaron interesadamente a Trump a presentarse a la presidencia e incluso le ayudaron y aconsejaron políticamente en las primeras etapas de su campaña de primarias , con la aviesa intención de reproducir un nuevo caso Ross Perot, en beneficio esta vez de Hillary. Una hipótesis muy verosímil, porque entonces los Clinton no podían sospechar, ni en sus peores pesadillas, que estaban alimentando a la bestia política que terminaría devorándolos. Pero de esto se darían cuenta cuando ya fue demasiado tarde , y ello explicaría sin duda la ira incontenible de Hillary tras su derrota ; enfado que no sería tanto debido al hecho de haber perdido  la elección por culpa de los hackers rusos (una justificación pueril), como a la mala conciencia derivada de una muerte provocada por propia mano, es decir, de haber protagonizado el mayor suicido político que registra  la Historia reciente. ¿Justicia poética?

Post Scriptum            

Donal Trump, siendo poco amigo de  los secretismo que protegen la seguridad nacional, tal y como ha demostrado con la apertura de los Archivos Top Secret sobre el asesinato del Presidente  Kennedy ,  el caso del pederasta Epstein o, recientemente , los relativos a  Alienígenas y Ovnis, podría aplicarse a sí mismo la receta, y declarar solemnemente qué hay de cierto en esta historia sobre “Trump, Caballo de Troya”, que tanta verosimilitud presenta,  a priori. Aunque, pensándolo bien,  a lo mejor espera a escribir sus Memorias  para desvelar toda la verdad del asunto, después de dejar la Casa Blanca,  y cuando ya se hayan calmado las aguas de su turbulentas primera y segunda presidencia. Yo no lo haría, considerando que Donald Trump se ha convertido, al día de hoy, en el presidente con más intentos de asesinato de la historia americana (y todavía le quedan dos años más).

Alonso Cortés,

16 de mayo 2026

Deja un comentario