Los últimos serán los primeros…
(Evangelio de Mateo (20:16)
Cuando una nación entra en decadencia, todos los estamentos y fuerzas vivas del país comienzan a preguntarse ¿cómo hemos llegado a esta desgraciada situación ? Algunos echan mano de la memoria histórica, tratando de identificar el momento crítico del cambio de carácter de su pueblo : ¿Cuándo perdimos nuestra esencia como colectivo? se convierte en la pregunta del momento. Pero la decadencia es un fenómeno complejo y las respuestas nunca son obvias o simples, así que estas reflexiones terminan resultando incómodas (por inútiles) y dan paso invariablemente a la convención de que “lo único claro es que debemos volver a los orígenes”, es decir al tiempo histórico previo al abandono de los valores morales más sólidos , cuando el idealismo inundaba los hogares de los ciudadanos y la nación era una piña en pos del triunfo y la gloria. Porque, aunque habitualmente vinculamos decadencia con el declive ruinoso, es decir, con el deterioro del trabajo, la economía y las instituciones de gobierno, lo cierto es que lo primero que se malogra en una nación , son los valores morales, que es lo mismo que decir su capital humano: el relevo generacional produce individuos progresivamente más cultos, mejor alimentados y, sin duda, más empáticos y compasivos, pero sin el carácter y la determinación de sus ancestros, los cuales fueron elementos clave en el crecimiento de ese pueblo. Esto es algo que podemos ver ahora en la decadente y pusilánime Europa o en la “nerviosa” USA, hoy polarizada entre republicanos y demócratas. En ambos casos, y a pesar de todo, los estándares de vida son la envidia del mundo, así que, de momento, podemos excluir que la ruina forme parte del proceso decadente . Extraña paradoja, pues, que cuando peores individuos somos, más ricos parecemos. Por eso hoy en día se impone el Pensamiento débil como forma de gobierno y estilo de vida; ese que prescribe, por ejemplo, que hay que proteger la vida por encima de todo, parando el mundo, si hace falta, cuando aparecen graves amenazas a la salud colectiva, como en la última pandemia ( combatida de inicio con procedimientos que recordaban a la peste negra sufrida en la Edad Media ). Y es que uno de los principales mantras del pensamiento débil –“lo importante es la salud, porque sin vida todo lo demás es superfluo”- conduce (tautologías aparte) a lo que el filósofo Cioran denominaba “excesivo temor a la muerte en las sociedades decadentes, lo cual lleva a que la vida deje de ponerse de nuestra parte“. Así, pues, los gobiernos “progresistas” nos entrenan emocionalmente para no correr riesgos y conservar la vida muchos años, pero con el peligro encubierto de sufrir una existencia desnaturalizada, sin valor alguno. Y estas tutelas estatales, no son porque tu vida les importe un carajo a los políticos de pensamiento “flácido”, sino porque estos tienen miedo a que posibles repercusiones judiciales y/o mediáticas negativas, acaben con sus carreras políticas. Este el precio a pagar por la religión woke y el pensamiento débil, que lo guía y acompaña en los tiempos de declive.
Llegados a este punto debemos aclarar que el presente artículo trata sobre la decadencia de las naciones, pero en especial, analiza el deterioro progresivo de los grupos humanos que en cada momento de la historia de un país, toman la responsabilidad del mando sobre el resto de la población. Este enfoque supone ver la historia como una carrera de relevos, en la cual un primer colectivo -o padres fundadores- crean la nación ,la desarrollan con gran sacrificio y esfuerzo , para terminar siendo expulsados del poder, una vez que muestran signos de agotamiento, momento en que otro grupo político distinto acude al relevo y recoge el testigo con renovadas energías. El ciclo vital de las castas es, según esta teoría, más corto que el de las naciones . Estamos ante una máxima de la Psicoentropía, la ciencia que analiza la historia desde el punto de vista de la producción, uso y conservación de la energía psíquica humana. La segunda máxima , derivada de la anterior, indica que las naciones entran de manera general en decadencia , por la sucesiva desvalorización energética de sus castas; pero de modo concreto, cuando acaece un acontecimiento (normalmente bélico) de efectos traumáticos sobre la casta gobernante y, por extensión, de la sociedad que dirige y administra.
Castas presentes en la historia de España.
La historia de España es ilustrativa de esto que decimos : los reyes de la Reconquista formaban una casta guerrera , donde el monarca solía encabezar las tropas en calidad de “primer soldado en la batalla”. Esto fue más o menos así hasta Carlos V, quien se convirtió en un “estorbo” en las guerras africanas, siendo convencido por su asesores, de que se bajara del caballo y se mantuviera convenientemente al margen. Por supuesto, su hijo Felipe II tomó buena nota y ya no apareció por los campos de batalla , limitándose a enviar largas cartas de elogio o reprimenda a sus generales y almirantes, desde su despacho de El Escorial, en Madrid. Se inauguraba así la segunda casta : la de los reyes burócratas, que coincidió con la máxima extensión del Imperio Español y con el inicio de su imparable decadencia. El “alejamiento Real” revalorizó, sin embargo, el trabajo de los militares sobre el terreno, como el Duque de Alba, que llegó a tener más predicamento social que el propio monarca. La tercera casta estaría formada por reyes absentistas, que delegaban sus principales tareas en un Valido o Primer Ministro, cuyo ejemplo más conocido fue el Conde-Duque de Olivares, hombre fuerte de Felipe IV. Los grados añadidos de separación con la cúpula del poder, protegían la iniciativa de los militares en el campo de batalla, hasta que con el tiempo aparecería la cuarta casta -la republicana- , con la idea de que “la guerra era demasiado importante para dejarla en mano de los militares”, así que estos pasaron a tener una importancia secundaria, más valiosa como tácticos que como estrategas, labor ésta que se reservaron los políticos . Aunque la frase relativa a los militares se adjudicara al primer ministro francés Clemanceau, durante la Primera Guerra Mundial , fue el presidente americano Truman quien se “apropió de la patente”, al cesar fulminantemente al General de cinco estrellas McArthur , por promover insistentemente el lanzamiento de la bomba atómica sobre la península de Corea, con intención de frenar el avance imparable de cientos de miles de soldados chinos. Por cierto, conviene saber que algunos expertos culpan al Armisticio de Corea, del comienzo de la decadencia americana, en base a esta premonitoria frase del filósofo Nietzsche , tomada de su obra La Voluntad de Poder : «en cuanto se interrumpe la voluntad de querer-ser-más , el poder ya no es poder, aunque tenga a su merced a lo dominado». Los americanos , recientes poseedores de la bomba de hidrógeno , renunciaron, en efecto, a utilizarla para derrotar al ejército rojo en el campo de batalla , y lo pagaron con la humillante salida a la carrera de Vietnam, en la que China tuvo una participación capital. Desde entonces , EE.UU. no ha vuelto a ganar una guerra , y hoy China es la auténtica rival de USA por la supremacía económica y militar del mundo (muy por delante de Rusia). Pero volviendo al caso español, la situación fue degenerando durante décadas, por efecto de la entropía , hasta llegar a nuestros días, donde el Presidente de turno no consideró importante desprenderse del bañador, suspender sus vacaciones veraniegas, llamar al ejército, e ir a ocuparse de la invasión de una parte del territorio nacional. Se comprende entonces el verdadero alcance de esta frase de la actriz Judy Davis en el film Maridos y Mujeres de Woody Allen: La Entropía es la principal culpable de que todo se vaya a la mierda con el paso de los años, incluido mi propio matrimonio.
Pero las cosas no se van “a la mierda” de modo espontáneo y caprichoso, como ya hemos apuntado. Aunque la entropía siempre termine asomando su fea cara en toda historia nacional suficientemente larga, suele formar parte de un proceso degenerativo que acaba en fracaso (político, económico y/o militar) estrepitoso y -lo que es peor- en trauma colectivo, por el hecho de coincidir con un momento de baja energía social, fruto del estrés y el agotamiento de un pueblo. En el caso de España, este cambio de tendencia lo podemos hacer coincidir con la derrota de la Armada Invencible, que fue el primer gran tropiezo del Imperio, premonitorio del posterior relevo de España, por parte de Inglaterra, como primera potencia mundial. (¿Cómo no compararlo con el Armisticio de Corea, arriba comentado, y la pugna actual USA/China?). Aunque ya ha llovido desde entonces, todavía seguimos los españoles pagando las consecuencias de aquel suceso desgraciado en aguas inglesas, porque la decadencia, una vez instalada, se convierte, en nuestra opinión, en una neurosis colectiva, y desde Freud sabemos que esta patología -al contrario que la neurosis personal- no tiene tratamiento posible. (Eric Fromm, seguidor de la escuela freudiana, lo intentó con ayuda de la teoría marxista del materialismo histórico. Lamentablemente, sin éxito).
El ejemplo americano de la sucesión de castas.
La capacidad de acción “potencial” de las nuevas castas, sobre el conjunto de una nación , es directamente proporcional a su distancia geográfica y emocional de los centros de poder, e indirectamente proporcional a su historial de participación en la acción colectiva pasada. (J. Aguilera, La Cicatriz Narcisista)
La historia de los Estado Unidos representa otro buen ejemplo de la evolución de las castas : los primeros presidentes , comenzando por George Washington, procedían fundamentalmente de la casta puritana -identificada con el Mayflower-, que habitaba en los estados de Virginia y Nueva Inglaterra y , en un sentido más amplio, en las trece colonias históricas de la Costa Este. Con el tiempo, y a medida que fueron apareciendo problemas nuevos relacionados con las tribus indias y con la esclavitud, el centro de gravedad político de EE.UU. se fue desplazando hacia el interior del país, de manera que los “olvidados” del Medio Oeste empezaron a tomar protagonismo en detrimento de los “aristocráticos” políticos en declive del Este : Abraham Lincoln , el general Grant y cuatro mandatarios originarios del estado de Ohio, -todos ocupando el sillón presidencial en el último tercio del siglo XIX– son ejemplo del relevo de poder. El nuevo protagonismo de los políticos del Medio Oeste –un territorio que en esa época representaba las fronteras civilizadas del país – tiene un lejano precedente en el antiguo Imperio Romano , donde una dinastía de emperadores de origen Ilirio (península balcánica), habituados a la arriesgada vida en la frontera compartida con los bárbaros , vinieron a dar cohesión y estabilidad durante un cierto tiempo, a su desgastado régimen . El “efecto Ilirio” , convenientemente transportado a cualquier crisis histórica de crecimiento o declive, representaría un ejemplo típico de neguentropía o reducción natural del desorden social, el cual tendría que ver con la cultura generada alrededor -si se nos permite la metáfora- de las líneas de fricción entre placas tectónicas , que llamamos respectivamente fronteras y civilizaciones, y cuyo objeto sería contrarrestar las tendencias disolventes emanadas del núcleo que detenta la legitimidad del poder nacional. Esto normalmente se consigue por el triple alejamiento –geográfico , político y moral- de la nueva subcultura (casta) respecto de los centros de poder tradicionales, que les preservará de la creciente “contaminación” generada por la mala praxis gubernamental de la nación, lo que , unido al prestigio de los políticos locales, les hace aptos para futuros relevos en el mando de la nación. El historiador romano Tácito, creía, por ejemplo, reconocer en los pueblos bárbaros germanos los viejos valores de austeridad, dignidad y valor militar que en otro tiempo poseyó su pueblo , pero que con el paso del tiempo había perdido. Tácito vio también con simpatía otras características de estos pueblos: su primitivismo, proximidad a la naturaleza, pureza y rusticidad, valores todos ellos alejados de la decadente sociedad romana, que, sin embargo , los emperadores Ilirios , por su familiaridad con los bárbaros, supieron captar y utilizar en beneficio del Imperio.
Siguiendo con la secuencia histórica presidencial, con el tiempo vendría la representación del Oeste (Hoover, Nixon, Reagan) y la de los “derrotados” estados sureños de la Guerra Civil (Eisenhower, Johnson, Carter, Clinton, y los texanos “de adopción” Bush, padre e hijo) . Pero la variable territorial no sería la única que sirviera para identificar una nueva casta; así tenemos el caso de los “marginados” de religión católica, que también tendrían su representación en John F. Kennedy, si bien no llevaría a crear tendencia (sólo ha tenido como sucesor católico a Joseph Biden) debido al abrupto fin de su mandato . Pero la prueba más evidente de que, con el tiempo, ninguna casta queda excluida del uso del poder nacional a medida que el régimen político decae, se constata con la emergencia de un presidente de raza negra (Barak Obama ), que probablemente no será el único de la serie, debido al aumento de población de origen africano y su mayor cualificación educativa y laboral . Con el magnate Donald Trump llegó en 2016 al poder, no la “casta plutocrática” como pensarán algunos, sino la “casta empresarial”, de gran importancia en EE.UU, por sus maneras ejecutivas poco gratas a los políticos amantes de la burocracia .La siguiente novedad que, lógicamente, debe aparecer será la representación de las mujeres, un colectivo tradicionalmente marginado de la vida pública y que, como sabemos, no consiguió el voto electoral hasta principios del siglo XX .Habrá , pues, una mujer presidenta no tardando mucho, que será el inicio de una larga serie de féminas destinadas al despacho oval . También es esperable un primer presidente de sangre hispana, dado el crecimiento que en los últimos años ha experimentado la emigración desde México y otros países iberoamericanos, lo que ha aumentado su poder de voto y capacidad de influencia política . Por último , y atendiendo al factor alejamiento geográfico, también son esperables más políticos relevantes procedentes de Alaska y Hawái. (Aunque Obama naciera en Honolulu, la capital de Hawái, a efectos políticos no se le considera un producto de esa tierra, ya que tanto su elitista educación –Harvard y Columbia-, como su carrera profesional, se llevaron a cabo en la costa Este)
Resumiendo: puritanos ascéticos de ascendencia inglesa, políticos del medio Oeste de etnia aria noreuropea-; sureños de sangre caliente, inclinados a disfrutar de la vida ; representantes de las minorías católica y negra, miembros de la tecnocracia , como los magnates de las finanzas y los empresarios , etc…. todos, en fin, son llamados a desempeñar el poder cuando la casta que les precede agota sus fuerzas , su creatividad y su crédito político. Una nueva etapa debe comenzar con los mejores propósitos hasta que sus protagonistas se “quemen” en el ejercicio de su rol histórico, dando paso a la siguiente casta que acuda a probar suerte. Toda casta necesita de un número mínimo de miembros para que no pueda ser considerada una anécdota en la historia de la nación; pero a su vez la longitud de la cadena va a depender del éxito en la gestión de los políticos precedentes. Naturalmente, hace falta un medioambiente democrático para que este proceso ocurra porque, en caso contrario, la casta dominante en el país se convertirá en la casta monopolizadora del poder, como ocurrió en la U.R.S.S. con su Nomenklatura o aristocracia comunista, especializada en robar a su propio pueblo. Y en cuanto a la pregunta ¿cuál es la principal función de una casta? la respuesta sería : las castas ejercen una función amortiguadora o estabilizadora, tanto en el crecimiento como en la decadencia, por sus efectos neguentrópicos en ambas etapas . En el primer caso, la neguentropía que aportan, reduce el caos en las crisis de crecimiento, ayudando a prolongar la etapa de éxito , mientras que en la decadencia sirven para atenuar el derrotismo ambiental, con lo que ralentizan el declive (aunque no consigan pararlo). Por eso las carreras atléticas de relevos, siguen siendo la mejor metáfora de las castas políticas.
Hawaii 5.0 : Cultura “fósil” de un pasado añorado, que difícilmente volverá.
Más de uno estará sorprendido por traer a colación esta famosa serie televisiva , dentro de un artículo que gira alrededor de la Historia, las castas gobernantes y la gran política norteamericana, aunque todo tiene su explicación, que no tardarán en conocer. La gente valora Hawaii 5.0 fundamentalmente por su segunda etapa, iniciada en 2010 (la primera se estrenó en 1968, bajo la turbulenta presidencia de Lyndon Johnson) . Llaman la atención en la serie sus buenos guiones cinematográficos de acción; la campechanía de sus dos principales actores y el buen “rollo” entre ellos ; los magníficos paisajes naturales y artificiales (con la legendaria playa de Waikiki y sus bellas mujeres, como escenario recurrente) de un archipiélago hawaiano que pertenece a EE.UU. desde el año 1898 , y que obtuvo la condición de Estado desde 1959; y -como no- la serie brilla por tratarse de una producción televisiva muy cuidada y de alto coste, como corresponde al gigante CBS ,financiador de ambas etapas. Todo ello hace que la serie merezca la consideración de icónica y tenga una legión de seguidores en todo el mundo, los cuales no se cansan de repasar, una y otra vez, las 10 temporadas de su también exitosa segunda etapa.
Pero casi nada de los dicho, siendo importante, es decisivo, sobre todo cuando uno tiene puesto el foco en un aspecto de la producción, que habitualmente pasa desapercibido, pero que responde a valores superiores : la serie representa, en efecto, una visión del mundo que existió en EE.UU, pero que el declive nacional surgido a partir de la Guerra de Corea, se llevó por delante; los dos principales personajes masculinos, son ejemplo del noble carácter americano que conquistó las simpatías del mundo no comunista, en especial después de las dos grandes guerras del siglo XX y de la expansión de Hollywood como imperio cinematográfico, lo que sirvió para divulgar el American Way of Life, a lo largo y ancho del planeta. Este especial carácter americano se consideraba entonces un fiel espejo del espécimen humano que dio vida al primer imperio benéfico -en términos humanitarios- de la Historia: de pronto había emergido USA, una gran potencia, con una democracia nueva en el mundo, que, por primera vez, no esclavizaba a otras naciones más débiles; que peleaba guerras ajenas y lejanas en defensa de la libertad en el mundo ; que sacrificaba miles de vidas americanas jóvenes, con vistas a derrotar a dictaduras crueles , para luego ayudar a resurgir éstas como democracias independientes (vean el caso de Japón y la Alemania postnazi) . Surgió, en fin, una nueva potencia ejerciendo como policía del mundo, que representaba un freno para los coyunturales “imperios bárbaros” que periódicamente aparecen en nuestro planeta desde los albores de la humanidad . Volviendo a Hawaii 5.0 vemos que los personajes principales están hechos de parecida pasta a la del gigante John Wayne, entendido éste como paradigma del americano tranquilo, valiente, afable y sencillo, que tradicionalmente ha supuesto un ejemplo de vida -a través de sus películas- para muchos ciudadanos yanquis y de otras nacionalidades . Pero no nos engañemos, porque estos individuos, duros y bonachones a un tiempo, no son “hermanitas de la caridad”, pues también tienen su lado “oscuro” , y así ocurre que, a pesar de su condición de policías, el grupo 5.0 no siempre respeta literalmente la ley. Por supuesto, no responden al modelo frívolo de agente 007 británico, “con licencia para matar”, aunque les haya sido otorgada bastante libertad de acción por parte del Gobernador del Estado. Tampoco recuerdan al típico “policía justiciero”, porque no son personas rencorosas que buscan venganza indiscriminada por las afrentas sufridas en su pasado personal o familiar. Son, fundamentalmente, individuos pragmáticos, que persiguen el triunfo del bien y la derrota del mal por encima de leyes, reglamentos , habeas corpus, abogados truculentos y medios de comunicación “ultrasensibles” con los derechos humanos de los delincuentes. En eso recuerdan a Harry el Sucio, el personaje encarnado por Clint Eastwood, de gran éxito en los años 70 ,en plena crisis de la sociedad americana, agitada por la Guerra de Vietnam . Todo esto es algo que hoy, con el vigente modelo democrático, (modulado por la religión woke) está francamente mal visto en un policía , pero que considerado, sin embargo, desde la óptica de una nación en declive, con millones de ciudadanos frustrados, sería el comportamiento deseable en un representante de la ley. El capitán de fragata Mc Garrett, por ejemplo, es un jefe fiable y honesto, que huye de formalismos en la relación con su equipo, mostrando un trato familiar con todos ellos. Como exmiembro de un cuerpo de élite de la Navy , siempre es el primero en entrar en acción, pero también es el tipo de jefe que protege a su gente , aunque no les ahorre riesgos en su lucha contra el crimen. Soltero con notable atractivo personal, le gustan las mujeres pero no ejerce, sin embargo, de playboy al estilo 007, ni les dedica extrema atención; prefiere pasar más tiempo con miembros de su equipo, jugando al póker o charlando animadamente con ellos, cerveza en mano, según el modelo varonil de los años 40/50, el cual tuvo una contra respuesta femenina que Sigmund Freud tipificó profesionalmente de Malestar en la cultura . Era, por ejemplo, la manera, en que Humphrey Bogart, y otros miembros de la Edad de Oro, se relacionaban con sus amigotes de Hollywood ,a pesar de que Bogart tenía esperándole en casa una bellísima esposa con 35 años menos que él (aunque quizás fue la diferencia de edad lo que le demoraba a menudo en Romanoff’s , su restaurante favorito de Beverly Hills). El inspector Danny Williams exhibe por su parte el lado sarcástico y descreído del guardián de la ley que ya lo ha visto casi todo, pero en una versión simpática, alejada del tono agrio del típico policía deshumanizado : en continua discusión, «sin acritud», con su jefe y colega , McGarrett, al que llama “imbécil” y “tarado” a la menor oportunidad, especialmente cuando éste le quita las llaves de su magnífico deportivo, para correr temerariamente tras los delincuentes, poniendo en peligro la integridad física de ambos (más la del caro coche) ; Danny dice odiar el “parque temático” en que se ha convertido Hawái, y no oculta su melancolía por su patria chica, New Jersey, tierra “civilizada”, cuna de sus héroes legendarios, Bruce Springsteen y John Bon Jovi. Separado de su mujer, decidió, resignadamente, trasladarse a Hawái para vivir cerca de su adolescente hija , a la que adora.
Por lo demás, el grupo policial 5.0 es combativo contra el crimen y empático con las víctimas; respetuoso con el dolor ajeno, cuando se muestra sin violencia ni histerismos; tampoco se dejan impresionar por la autoridad, el dinero o el poder ajeno, y, por supuesto, no le rinden un trato de favor. La serie, aparte de defender valores humanos “clásicos”, que ayudan a configuran un tipo de sociedad “sana” y optimista, muestra genuino aprecio por las nuevas tendencias sociales, como son la ecología, la cultura y las tradiciones locales , así como un gran respeto por la diversidad étnica y cultural del archipiélago, si bien rechaza la moderna tendencia destinadas a sexualizar en imagen y/o diálogo , todo argumento cinematográfico .
Conclusiones finales.
No hay mejor cuña que la de la propia madera.
( Proverbio popular)
Hawaii 5.0 fue en sus orígenes una consecuencia afortunada de la crisis social que asolaba EE.UU. después del asesinato del presidente Kennedy, los tumultos estudiantiles originados por la Guerra deVietnam y los conflictos provocados por la lucha de los negros en favor de sus derechos civiles, que provocaron la aparición de grupos violentos como los Panteras Negras. No muy distinta sería la motivación para producir el film Harry el Sucio, y sus secuelas, porque, en tiempos de crisis, un sector del Arte transmite mensajes subliminales destinados a convencer al ciudadano de que la pérdida de carácter del individuo medio ( o su excesiva inclinación a la clemencia ) pone en peligro el modus vivendi del pueblo en su conjunto. De ahí el carácter expeditivo de los nuevos policías, que intentan paliar (en el terreno de la ficción cinematográfica) el clima de tolerancia y permisividad con el crimen, derivado de la actuación pusilánime, en el mundo real, de las principales fuerzas del país: políticos, jueces , fiscales y periodistas. Que el creador y productor en 1968 de la primera etapa de Hawái 5.0 , Leonard Freeman , era un riguroso partidario del gobierno de Ley y Orden, parece demostrarlo el hecho de que 1) antes de crear Hawaii 5.0 fuera productor de la serie Los Intocables de Elliot Ness , míticos luchadores contra el crimen organizado ; 2) que, en 1967, Freeman se convirtiera en productor del western revisionista americano, de gran impacto, Hang ‘Em High ( en español “Cometieron dos errores”), protagonizado por Clint Eastwood. En los tres casos, el leit motiv argumental, gira alrededor de la determinación de los protagonistas de vencer al mal por cualquier medio eficaz, bien sea con procedimientos de fuerza, al límite de la legalidad ,o usando métodos sofisticados como los libros de contabilidad que llevaron a prisión a Al Capone, el famoso gánster de Chicago. El por qué, sin embargo, Freeman eligió como telón de fondo de la nueva serie un territorio , como el hawaiano, tan alejado de las áreas más turbulentas del país, no nos queda del todo claro. Si el productor norteamericano hubiera sido natural de Honolulu, o antiguo estudiante de historia clásica, lo entenderíamos, pues Hawái, al ser el último territorio -junto Alaska- que adquirió la condición de nuevo Estado U.S.A. podía -de acuerdo a la teoría histórica- ser el menos afectado por la llamada “decadencia USA” y, por lo tanto, el más capacitado para impulsar su futuro rearme moral. Leonard Freeman era, sin embargo, originario de California, tierra de innovación tecnológica , pero también avanzadilla de decadencia americana a través de novedades culturales “disolventes” , como el movimiento hippie . En consecuencia, dudamos que Freeman se sintiera con el ánimo de un renacido emperador Ilirio, cuyo carácter sabemos se gestaba en la limes (frontera) romana, por interacciones con los vecinos bárbaros. Lo cierto, sin embargo, es que Freeman no pudo elegir mejor lugar que Hawái para escenificar esta gran serie : con más de un tercio, hoy, de la población de ascendencia china (un 40% sumando japoneses ) y un territorio situado en el ámbito de la mayor influencia del gigante amarillo , como es el Océano Pacífico, la democracia multiétnica hawaiana está destinada a tener un rol importante, como casta dirigente, en el futuro político de EE.UU, marcado por la gran pugna con China por el liderazgo mundial . Y es que, como dice el proverbio, no hay mejor cuña que la de la propia madera.
Para terminar, intentaremos contestar la pregunta que debe estar flotando en el ambiente para los enamorados de esta serie .¿ habrá una tercera etapa de Hawaii 5.0? La primera etapa (1968) coincidió con el mandato del demócrata Johnson ; en la segunda de 2010, acababa de empezar el gobierno del primer presidente negro, Obama, también demócrata, lo que suponía una incógnita y un desafío . Así, pues, si llega una tercera etapa a las televisiones -y lo más probable es que llegue- será durante un futuro gobierno demócrata en crisis, (y esta vez no pensamos que tengan que transcurrir más de 40 años).
Alonso Cortés
8 de septiembre 2026